Solo creo en la mancha que dice sin decir…

La creación es un problema harto complejo, donde la idea y la emoción son indisolubles, la semiótica es solo un artificio que intenta entrar en los vericuetos de la creación, tratando de darnos rutas comprensibles para explicar lo que hacemos. Cuando se alcanza el concepto, la obra pierde todo su sentido. El concepto solo intenta explicar una idea que comandó la génesis, pero jamás se acerca a lo que esa idea realmente representa.

El artista es una suerte de mago que ha aprendido a utilizar sus facultades en los abismos de lo inesperado, en ese magnífico salto al vacío hacia otras temporalidades, a otras geografías que marcan la senda de lo oculto, de la experiencia, que permite que se construya la obra en la confrontación de las masas de colores, y de formas que llenan el espacio vital. La obra es una estructura de carácter orgánico que se comporta como una identidad independiente de quien la crea, permitiendo que se geste una construcción a diferentes niveles, iconográfico, significativo, simbólico, temático y formal, formulando la arquitectura interna de las piezas. La obra se caracteriza por tener vida propia, comportándose como entes que obedecen a las leyes de la vida, nacen viven y mueren, a veces ni siquiera se les deja morir.

El color se cansa, se satura, para en ciertos momentos, desgarrarse y entrar en otras temporalidades, que describen otros espacios; una figura que construye cuatro tiempos para un mismo espacio. Los colores danzan para construir espacios que intentan sugerir otros espacios, que se mueven a su antojo, como si existiera una guía interna que impele el movimiento de las manchas. Un caos con su propio orden, un caos que se aleja de lo fractal.

El arte debe decir, impactar, desarrollar imágenes, comentarios, malentendidos, lo inerte e indiferente significa muerte. Soy quien piensa en la tesis de la no tesis, realmente no intento explicar absolutamente nada, no intento formular una idea sobre nada, y cuando lo hago, sé que me equivoco, la incertidumbre marca el norte, pero tengo la convicción que la pintura como medio de expresión mantiene su vigencia y validez. El reto no se halla en buscar nuevos mecanismos expresivos que nos diferencien de quienes dijeron algo previo a nosotros, ni siquiera en el mito absurdo de quienes piensan en el continuo innovar, el reto se halla en sólo decir y hablar sobre lo indecible, solo esto nos puedo salvar, convirtiendo la obra en algo completamente sagrado.

Mi obra es sólo un disparador de una cantidad de eventos que provienen de una experiencia personal, que al ser vista entra en contacto con otras experiencias, en cuyo momento se construye la imagen. Existe un punto de fusión de experiencias en las cuales cada espectador construye su propio mundo sobre el mío, navegando hacia las estelas de lo interior, de lo “otro”. Soy sólo un detonante que al fundirse con otras identidades genera la obra, por eso no existe un tema en el desarrollo de mi discurso, y si llegara a aparecer, solo es una excusa para el desarrollo del mismo.
Recuerdo la obra de arte como una caja de sentido capaz de simular las huellas esenciales del cosmos, como una trama sagrada, en la que cada elemento se convierte en una evocación del universo. Aquel que intente explicarla atenta contra su misterio y al develarla, indefectiblemente conduciría a la muerte.
Alto al prólogo, adelante a la sensibilidad, alto a la adjetivación, adelante a la creación.

No creo en nada, solo en el arte como una forma de vida….

Abraham Gustin


“Crystal Room”

I only believe in the spot that says without saying…

Creation is a highly complex problem in which idea and emotion are indissoluble and in which semiotic is just an artifice trying to penetrate the pathless place of creation, providing us with comprehensible ways to explain what we do.
Once the concept is reached, the work loses all meaning. The concept only pretends to explain an idea commanded by the genesis, although it never comes near what the idea truly represents.

The artist is a sort of magician that has learned to use his skills in the depths of the unexpected, in that magnificent lead to the empty space towards other temporalities, towards other geographies that signal the path of the unknown, the experience that allows the construction of the work within the confrontation of masses of colors and shapes that fill the vital space. The work is a structure of organic character, that behaves as an entity, independent of its creator, allowing the construction at various levels: iconographic, significative, symbolic, thematic and formal, formulating, thus, the internal architecture of the pieces.

The work distinguishes itself for having a life of its own, behaving as entities which obey the rules of life, to be born, to live and to die, even though at times they are not allowed to die.

Color becomes tired, saturated, to, at certain times, be torned and enter other temporalities which describe other spaces; a figure that forms four temporalities for one space. The color dance to construct spaces that try to suggest other spaces, moving about as they please, as if there was an internal guide that drives the movements of the spots, a chaos in its own order, a chaos that distances itself from the fractionary.

Art must speak, impact, develop images, commentaries, misunderstandings, what is inert and indifferent implies death. I believe in the thesis of the no thesis, as a matter of fact, I do not pretend to explain absolutely anything, I do not intend to formulate an idea about anything and, when I do, I know I am wrong. The uncertainty signals the path, but I am convinced that painting, as a mean of expression, maintains its term and validity. The challenge does not lie on finding new mechanisms of expression, that set us apart from these who said something before us or even in the absurd myth of those who believe in the continuous innovation. The challenge lies in saying and speaking about the unspeakable, only this can save us, turning the work in to something completely sacred.

My work is only a trigger of a number of events derived from personal experiences, which after be seen, comes in contact with other experiences at which time the image is built. There is a point where experiences merge, in which each spectator constructs its own world over mine, sailing towards the steles of the interior of the “other”.

I am only a detonator, that, when merged with other identities, generate the work, that is why there is not a subject in the development of my speech, and if it should ever appear it would only be an excuse for its development.
I recall the work of art as a box of senses, capable of simulating the essential trail of the cosmos, as a sacred plot in which each element becomes an evocation of the universe.

He who tries to explain it, attempts against its mystery and upon unveiling it, it would indefectively lead to death.
A stop to the prologue, ahead with the sensibility, a stop for adjetivation, ahead with creation.

I believe in nothing, only in art as a form of life…

Abraham Gustin.