“Pueblos Sumergidos · Una Mirada Oculta”

“Los edificios y las obras no son sino contenedores muertos: la obra de arte se da solamente en la experiencia de los objetos por parte del público”. Bataille

Es común que en un catálogo de arte se pida a alguien que escriba sobre lo imposible: lo que hay en la mente del artista a la hora de crear y, más desconsolante aún, sobre la obra misma. En pocas palabras, hablar sobre lo indecible.

No me atrevo a hablar de mi propia obra, pues definitivamente no intento decir nada con mi pintura. Prefiero que hablemos de la creación, de la Historia de la Pintura, de los avatares que crecieron en derredor de aquellos que hicieron o intentaron hacer algo con la expresión.

de caminos sin caminos

Los caminos abren una ventana hacia la muestra. Aparece algo con qué comenzar un texto, aunque espero fallar en este intento, logrando así que la imagen resulte vencedora frente a la palabra.

Un algo: caminos, letras borrosas como inseguras de hacerse sonar con mucha fuerza en un mar de color.

Camino hacia las puertas y ventanas de los pueblos sumergidos, hacia carreteras ocultas de una mirada indiscreta, de una inteligencia perdida. Son calles desiertas que no conducen a nada, que nos arrojan hacia las miradas de otros tiempos, hacia lares que no conocemos, pero que presentimos. Portales que rozan una nueva manera de mirar.

Ciudades nunca vistas, nunca visitadas, sin tiempo y sin espacio real, lugares que guardamos en la memoria. Ciudades de todos y de nadie, de las que vamos y venimos, como náufragos, seguros de ese encuentro.

Veo últimamente cuadrículas de color, que se superponen para romperse y abrirse nuevamente hacia otros espacios, tal vez son ventanas no muy claras de ese pensamiento que trata de hilvanarse continuamente. Ventanas que se desgarran para abrir las puertas hacia nuevas realidades.

Mientras tanto doy vueltas y vueltas sobre las mismas ideas sin saber por qué. Trato de llegar a las huellas de mis pensamientos. Parece una obsesión. Pueblos sumergidos, caminos descubiertos que prometen un paisaje nuevo, no sé si mejor. Hojas desiertas, escaleras sin destinos, mares y sonidos, sueños de alguien que nos sueña.

La imagen como palabra, la palabra como línea, la línea como forma, la forma como pensamiento. Pero entre el pensamiento y la línea sólo está la mirada, esa mirada que construye la idea de lo indecible, o que por lo menos la desnuda. Quedo sin palabra, sin nombre para construir la imagen.

Sigo caminando. No me detengo ante la fuerza de las ideas. Escaleras ocultas que se detienen ante paredes de color improvisadas, para inmediatamente abrirse hacia los territorios desconocidos. Es allí donde comienza realmente el pensamiento de mi pintura, entre los puntos medios de las posibilidades, que en algún momento generan una realidad posible, sin yo darme cuenta.

Me devuelvo hacia la mirada oculta y extraigo de las profundidades de los pueblos sumergidos la posibilidad de seguir caminando sin explicar nada o casi nada. Quiero hacer entender lo inentendible, decir lo que no he dicho. Siquiera logro dibujar la idea en mi pensamiento. Palabras tras palabras, roce tras roce, colores sobre otros colores. Roce de una pincelada, en la que aún creo. Ventanas abiertas, sin marcos, como un pequeño agujero.

Abiertamente y sin timidez se construyen esas ventanas, guiándonos hacia la intimidad, haciendo que los colores caminen hacia nosotros para decirnos algo, susurrando ó gritando, quizás, y haciéndonos creer que sí existen, que son reales.

Nuevamente, no quiero jugar el juego de hablar de lo que no puedo. Quiero sentir sin palabras y mirar con el color, dejar atrás los caminos de la cotidianeidad para escapar a los mundos perdidos, y descubrir en esa mirada oculta los pueblos sumergidos.

Abraham Gustin